domingo, 8 de mayo de 2011

Primera observación IMPA


1° de mayo frío y nublado, con una llovizna lo suficientemente presente como para enfriar poco a poco nuestros huesos. Las plantas de nuestros pies, decididamente, no la pasan mejor. A lo lejos, sobre la calle querandíes (barrio de Almagro), se ve a un grupo de personas bailando y tocando instrumentos de percusión alrededor de una improvisada fogata. Una whipala de considerables dimensiones sobrevuela nuestras cabezas. Antes de llegar a la puerta de la fábrica, contra la pared hay un pequeño refugio armado con un par de fierros y plásticos. Pintada sobre el frente se puede leer  la leyenda “IMPA es del pueblo, CARAJO”. En esta carpa se reciben todo tipo de donaciones, yerba, comida, café, etc.
En el portón de entrada, tan grande como para permitir el ingreso de un camión, podemos apreciar un mural y un cartel que dice:

IMPA
(Industrias Metalúrgicas y Plásticas de la Argentina)
LA FABRICA
Ciudad Cultural
Lucha Trabajo y Cultura

Apenas entramos al edificio a nuestra izquierda se pueden leer laminas que explican, contextualizan, el conflicto existente. Aquí nos enteramos que IMPA es una fábrica recuperada, conducida por sus propios trabajadores, que desde 1998 se constituyó como una cooperativa, que además de producir envases de aluminio en las instalaciones se desarrollan tantas otras actividades, funciona un centro cultural, un bachillerato popular, va a comenzar la universidad de los trabajadores, hay distintos medios alternativos que transmiten desde allí (como subteradio y barricada TV), y también es espacio de múltiples reuniones. Las laminas parecerían hechas por chicos/as, algunos indicios podrían ser la tipografía y las faltas de ortografía. A continuación, sobre la pared también,  hay una grilla que informa sobre las actividades de esta semana que termina y la que tendrán lugar la semana entrante, todas en el marco de resistencia a la amenaza de desalojo. Variete, proyecciones (sobre los pueblos originarios, Rogger Rabbit), Peña Legüera, TV Barricada, clawn, clases abiertas.
Subimos las estrechas escaleras, el festival tiene lugar en el tercer piso a la izquierda. A nuestros costados hay inmensos talleres, nos separan de ellos rejas corredizas. Hay mesas gigantes con infinidades de cosas, cositas y cosotas, desde una tuerca hasta el pedazo de una máquina, hay herramientas, fierros, tachos de metal, arandelas, cilindros, etc. Todo esta muy obscuro, la iluminación es muy pobre. Tanto en las paredes como en las ventanas se pueden leer diferentes invitaciones, a un taller de serigrafía que funciona los viernes, a no ensuciar el lugar, a la presentación de un libro (“Poder, Poder Popular y Hegemonía”), etc.
Llegamos al lugar indicado, ya desde lejos escuchábamos música folclórica. Nos recibe una gran máquina intervenida, los tubos hacen de cuernos de un diablo pintado sobre la chapa, azul, rojo, amarillo y verde. También hay cuadros colgados. Una escultura hecha con chatarra. A la derecha un grupo de niñas/os jugando y dibujando. A la izquierda, se abre un playón, donde esta la gente bailando, comiendo, cantando, bebiendo vino. Esta tocando una banda, compuesta por un tambor, unos platillos, un violín, una criolla y un bajo. Compramos algo de comer. Pashuca es una cooperativa de vecinos/as del barrio que cocinan comidas caseras, reparten los menús casa por casa y que cada quince días lo modifican, además de tener especialidades que solo salen por encargo.
Se arma un chorizo gigante de parejas bailando chacareras. En este momento es cuando noté algunos pares de opuestos. El primero, un domingo triste y lluvioso con muy poca gente en la calle (aunque se realizaron 4 actos por el día internacional de los trabajadores y las trabajadoras) contrastaba con la cantidad de gente, y sobre todo jóvenes, que allí había y que alegremente se rebelan contra los intereses empresarios y coorporativos que quieren que IMPA sea desalojado para allí colocar un Shopping. Segundo, el estado del edificio me dejó cierta sensación de dejadez, tal vez es por la poca luz que había (ya que se la cortaron), pero parecía otro mundo (además del afuera-adentro, digo, calle-IMPA), un mundo antiguo, eso me expresaban los pisos manchados con grasa, la pintura descascarada, los pedazos de maquinaría averiada, los gigantes espacio vacíos, los vidrios opacos, etc. Todo eso contrasta con la vitalidad de los y las jóvenes que resisten y luchan día a día en el barrio, en la universidad, en la calle; con el esfuerzo de cada uno de los trabajadores de seguir yendo al frente con su emprendimiento cooperativo; con el amor con que cada docente entrega en el bachi y que nadie le paga. Eso me hizo pensar que en cada uno de esos detalles opacos se nota la ausencia del Estado, que deja a familias sin trabajo, a pibes sin educación, a fábricas vacías y sucias (no es el caso de IMPA, que esta llena de otras cosas), a trabajadores de la educación sin dinero y que defiende, y lo seguirá haciendo, los intereses, los bolsillos, de los que mas tienen.
Entraron los medios, los chicos y los repiques, al ritmo del candombe. De a poco la gente siguió bailando. 



MUTO por BLU

Angel Carranza y Voltaire

Una mujer
de vestido color salmón
andando en bicicleta.


Mira haciatras.
Pasa frente a mi como en cámara lenta.
Mirando haciatras.
Siempre haciatras.
Esperando algo.


Me muestra su cuello estirado.
Dando forma a una gran escultura.
Mejor dicho,
creando una imagen,
una composición,
una fotografía simétrica y fulgurosa.


Rota su cabeza unos 135°,
ahora mirando haciadelante.
Vector dirección.
Su pelo acompaño la movilización.
Dos mechones obscuros y ondulados,
complementaban un largo rostro,
delgado y poblado por dos presentes cejas.
Y así se alejo,
lamentablemente,
de mi corto campo visual.


Junto a mi,
corriendo,
pasó un perro de tamaño pequeño,
color castaño anaranjado,
con un rockero pañuelo violeta
rodeando su cuello.
Y corría,
tratando de alcanzar la bicicleta.
Afortunado él.

Texto narrativo (Primera Entrega)

Una pasión inexplicable

Ni bien abrió los ojos, dio un brinco y salió de la cama. La colcha blanca y roja termino en el suelo. No sabía que hacer, era muy temprano para despertar a su papá, y encima era domingo. Iba de una esquina a la otra de su habitación, recolectaba la ropa con la que se vestiría. Sus manos parecían las alas de un colibrí y sus labios no se detenían, relataban partidos sin resumen. Sorteaba sus juguetes, imaginaba que finta tras finta dejaba en el piso, humillados, a sus adversarios, saltaba y cabeceaba (tanto con la frente como con ambos parietales), se arrojaba al piso y en la linea ahogaba el grito del contricante.
Sus ojos se detuvieron en una fotografía que había pegada en la pared, por primera vez, desde que se despertó, su ritmo cardíaco se aproximo al debido, clínicamente hablando. Ante él se encontraban las personas que deseaba ser. Hasta usaban la misma ropa. El niño se arrodilló y pronuncio unas palabras inaudibles, como si hablase para si o invocando alguna divinidad. Sostenía los brazos  en alto, las manos contra la pared y casi sus dedos llegaban a tocar el borde inferior del poster. Le imploró a sus astros que solo le concedieran un deseo. Besó el escudo que llevaba en su pecho y terminado el rito de iniciación, se sintió realmente cansado. Las última noche no había podido dormir, su estado de alerta se lo impedía (ni siquiera se había relajado la noche anterior cuando su guía le mostraba los cartones habilitantes, y que acertado que estaba al desconfiar de esa realidad). Pensó que no le vendría nada mal acostarse en la cama nuevamente, y así soñar con lo que vendría, total faltaba tanto. La casa entera se encontraba sumergida en el silencio, aún no había amanecido. Su pecho se encontraba emocionado, era el día.

-         Vamos !!! Despertate que tenes que comer y arrancamos. Se nos hizo tarde.

No podía entender el hecho de haberse levantado con tanta anticipación e igual, de todas maneras, tener que hacer todo a las apuradas. Había recomenzado el día con el pie izquierdo. Todavía con los ojos empastados se dijo a si mismo que de nada le servía todo lo que había planificado. Cada momento, cada lugar, el viaje, cada persona, el partido, nada sería igual. El tiempo atentaba contra su gran anhelo. Dependía del azar y de la experiencia de su padre. Insistió en que no comería nada. No era el momento para detenerse a satisfacer necesidades terrenales, sino de apurarse para ocupar un buen asiento en la meca del fútbol argentino.

Nunca olvidará de qué manera sufrió esperando el tren, aunque seguro no fueron más de 10 minutos.
Nunca había viajado en vagon así, con tanta gente parada, cantando, gritando, marcando el ritmo utilizando de tambor el techo de la formación, algunos en el furgón hacían los bombos, los zurdos y una trompeta. El rojo y el blanco, todo lo teñían.
Nunca hubiese pensado ver gente fumando en el interior de una transporte público, él sabía que esta terminantemente prohibido, a los demás simplemente no les importaba.
La estación Nuñez era un mundo de gente. Comenzó la gran marcha. Todos iban con prisa, excitados. Padre e hijo sabían que faltaba muy poco para que comenzará el partido. Intentaron correr pero se lo impidió la materialidad de sus camaradas. Eran una gran familia que avanza, con algunos integrantes más hostiles que otros. De vez en cuando veía pasar presurosos a grupos de personas vestidos con otros colores. Esa primera vez el niño no se planteó el porqué algunos de sus “familiares” los insultaban o hasta amenazaban. El olor de los patys y los chorizos le dio mucho hambre.

El imponente estadio se encontraba ante sus ojos. Reía de felicidad, de orgullo. Cuántas veces mas grande que él sería esa monumental obra arquitectónica. Su mente aterrizó y su respiración se aceleró, habían comenzado los empujones y amontonamientos. Se aferraba con todas sus fuerzas al brazo de su padre. No quería prederse, aunque le agradaba la idea de ingresar a la cancha llevado por esa marea de humanos. El padre lo subió a sus hombros. Desde esa altura pudo reconocer el problema. “La puerta es chica y hay muchos policías”. Avanzaban lentamente. El personal de seguridad solicitó las entradas. El padre las entrego. El vigilante dijo:
-Mirá ! Son truchas. Vayan para atrás.

Nos estamos yendo cuando el estadio todo gritó gol. Comenzaron los abrazos y los cantitos. Cantabamos y nos abrazabamos entre nosotros, entre los que no habíamos podido entrar, entre los que no vimos el gol. Rápidamente todo volvió a la tensa normalidad. Mi papá no sabía cómo disculparse. Yo, solo pensaba en cuando regresaría.

sábado, 7 de mayo de 2011

Texto de evocacion


-Roberto, vení. Tengo un regalo. Es algo con lo que crecí y ahora es tuyo.
-Gracias.

Abrí la bolsa y encontré  unos cuadernillos muy finitos, eran y siguen siendo 11, todos con tapa a color, con una breve presentación de los hechos que tendrían lugar en ese fascículo, un hombre vestido con una escafandra y copos de nieve a su alrededor, un soldado siendo abatido por un insecto gigante en la general paz, en primer plano una cara gritando desesperadamente y detrás la cancha de river. Amor a primera vista, no sabía muy bien que significaban todos esos dibujos pero a qué niño o niña no le gusta que le regalen algo completamente desconocido, alguna cosa que haya que descubrir.
Al mismo tiempo que me resultaba placentero pasar horas y horas mirando las viñetas, cada dibujo, me inquietaba que solo hubiese negro y blanco. El negro eran las siluetas, los objetos, las armas, las gesticulaciones, las palabras, en cambio el blanco era el vacío. Más de una vez me senté en mi mesita con la pila de historietas, la caja de lápices de colores y la decisión de colorear cada centímetro de esa fabulosa aventura, y una sola vez lo hice o mejor dicho lo empecé a hacer, lo suficiente como para darme cuenta que se trataba de una tarea abrumadora y destructora.
Ariel y Alejo fueron mis acompañantes, mis guías, en esa primera lectura. Sabía que podía preguntarles todo, la extensión y claridad de la respuesta ya corría pos su cuenta. Tampoco es que hubiese tantas cosas que preguntar, la historia de Juan Salvo me resultaba bastante cercana, para empezar se trata de un relato de ciencia ficción, de aventura, género estimulante que invita a uno fantasear (y cuando uno es niño eso no es muy difícil) y segundo todo transcurre en la Argentina, así que había edificios, barrios, calles que yo conocía o que había escuchado nombrar, Vicente Lopez, Avenida Santa Fe, Avenida Libertador, el Congreso, el Monumental.
Una noche de verano caminaba con mi mamá y mi papá por la calle florida, salíamos del cine. Fue tan solo doblar una esquina y quedarme paralizado, de las alcantarillas brotaban legiones de cascarudos, bien acorazados, uno los pisaba y escuchaba nítidamente el CRUNCH de su final. La calle estaba completamente cubierta, avanzaba por un mar negro y en movimiento. Yo corría, saltaba, me detenía y volvía a caminar, todo valía para matar la mayor cantidad de insectos. En ese momento creí encontrarme combatiendo junto a Juan, Pablo y Favalli. La invasión ya había comenzado.